Comunidad Iberia Plus Jesús Huarte
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Juan José Campanella estrena en Madrid

El realizador de El secreto de sus ojos, Oscar a Mejor película extranjera en 2010, acaba de estrenar en el Teatro Figaro de Madrid “Parque Lezama”, su debut como director de teatro, que ha conquistado a más de 300.000 espectadores en Buenos Aires.

El director argentino Campanella debuta en Madrid como director de teatro con Parque Lezama

Tu relación con Parque Lezama empieza hace más de 30 años.

En el 84 u 85 la fui a ver en Broadway por el autor, Herb Gardner, que había hecho una película que se llama Mil payasos, que a mí me gustaba mucho, y me encontré con una obra que me cambió la vida. Modificó mi estilo con su mezcla de comedia y emoción. Me sorprendió mucho. Además de tomar temas que siempre me gustaron y no tienen que ver con la edad sino con el conformismo y el compromiso, que es el tema principal. La estrenamos en 2013 en Buenos Aires y fue como cumplir un sueño.

¿Por qué tardaste tanto?

Porque quería hacer muchas adaptaciones. No es una versión libre, pero hay una adaptación importante y, al principio, el autor no me permitía hacerla. Luego con el Oscar por El secreto de sus ojos, la viuda del autor me autorizó. Ella no vino a Buenos Aires, pero es probable que venga aquí, porque es la segunda versión de más éxito después de la de Broadway.

¿Qué tiene tu versión?

Cambia a nuestra idiosincrasia. La traigo más a nuestro mundo. La obra original transcurre en Central Park y uno de los personajes es negro. La temática racial no existe en la obra, al sacarla de Estados Unidos, y crece el segundo personaje, el del conformista que interpreta Eduardo Blanco. Me interesa mucho ese duelo de conformismo versus compromiso y le puse mucho más humor.

¿Los personajes son un poco Don Quijote y Sancho Panza?

Sí, León no está loco, pero encuentra las luchas donde puede contra sus molinos de viento. Y hay un Sancho Panza con su sabiduría de “no te metas”... Es un diálogo presente desde el principio de los tiempos -y aclaro que no son los únicos personajes y conviven con otros cinco personajes, coexisten con un mundo que los rodea-. Lo que hace que se sienta atemporal y la podamos comparar con El Quijote es justamente ese tema universal.

De no ubicarte tú más cerca de ese “quijote”, ¿crees que te habrías dedicado a otra cosa?

No tanto ahora, pero a fines de los 70 dedicarse al cine era una decisión que había que tomar con el corazón, pero una vez las tomé con el corazón traté de hacer las cosas con la cabeza.

¿Cómo ha cambiado la profesión en estos años?

El medio teatral no ha cambiado tanto, solamente en tecnología sobre el escenario. Mis otros dos rubros, la televisión y el cine, sí que han cambiado muchísimo. Y no hablo de lo tecnológico, sino en cuanto al consumo y el hábito. Antes el cine era el evento y la televisión, el entretenimiento. Hoy la televisión es el evento y el cine, el entretenimiento. Es un cambio radical que a la gente de mi edad, ni por los años sino por el cine con el que nos criamos, nos pone tristes.

¿Qué coste tiene la explosión de la ficción en la tele?

Ha levantado su nivel de realización a uno más cinematográfico, también su nivel de escritura. Los mejores autores han ido migrando del cine a la televisión. Yo sufro mucho por la ausencia de estrellas. Gran parte de la magia del cine era ver a esas personalidades convocantes, más grandes que la vida, de los que uno se enamoraba. La televisión ahora está planteada de una forma anti-star-system. Los actores son mucho más descartables en todo el mundo.

El éxito en el cine, especialmente después del Oscar por El secreto de sus ojos, ¿ha retrasado tu debut como director de cine?

Lo de hacer teatro fue más una reacción, unas vacaciones de la tecnología, después de dedicar tres años a Metegol (la película de animación 2D traducida en España como Futbolín), donde me sentí muy alejado de mi fuente, el trabajo con actores. Cuando terminó me dije: “quiero hacer algo con actores y texto para limpiarme de tecnología, que si hay que mover algo sea con una soga y una polea como lo movían los griegos”. Hicimos Parque Lezama porque era la mejor obra que había visto nunca. Y me enamoré del teatro a tal punto que estoy construyendo un teatro para 700 personas en Buenos Aires.

¿Te resulta muy distinto el trabajo con actores en el teatro frente al cine?

El trabajo es el mismo en lo que tiene que ver con lo interno del actor. La diferencia es que un director de cine tiene que acostumbrarse a la falta de control. Uno dirige un plano general de toda la acción. No hay cortes a primeros planos ni nada. Y, a diferencia del cine donde todos los espectadores ves lo que yo quiero que vean, aquí todos los espectadores de la sala en la misma función ven una obra distinta. Algunos la ven en un plano general, otros desde la primera fila en los primeros planos que eligen; media sala ve la espalda de un personaje y media sala la del otro… Eso, que es para un director de cine muy conmocionante, es lo que para mí tiene maravilloso el teatro.

¿Cómo ha sido trabajar con Luis Brandoni y Eduardo Blanco?

Muy sencillo, porque son excelentes actores y, cuando uno cocina con buenos ingredientes, es fácil que el plato salga bien, no es difícil ser buen cocinero. Tienen buenas ideas, mucha experiencia y son inteligentes. El público los termina aclamando como a rockstars.

Luis Brandoni y Eduardo Blanco, protagonistas de Parque Lezama, trabajan por primera vez con Juan José Campanella

Más de 800 funciones y de 300.000 espectadores en Argentina y un montón de premios. ¿Qué esperas de Madrid, donde estrenáis el 28 de agosto en el Teatro Figaro?

Nos han visto muchos españoles en Buenos Aires y espero que exista esa empatía por un tema tan universal, que el espectador español se ría y disfrute. Esta obra tranquilamente podría transcurrir en el Parque del Retiro y Madrid y Buenos Aires tienen una gran cercanía cultural.

Cuando viajas, ¿en qué destinos es el teatro parte imprescindible de tu itinerario?

En Nueva York, además de porque viví 20 años allí, siempre estoy al tanto de lo que hay. Como a mí me gusta mucho el texto, además del espectáculo, busco esos lugares donde puedo entender bien el idioma y tengo cuatro grandes capitales de teatro: Buenos Aires, Madrid, Londres y Nueva York.

 

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